diciembre 01, 2006

Pido disculpas


Tantos mundos posibles, tantas historias, tantas formas de interpretar el horizonte. Pedir disculpas es, sino el último recurso, la consecuencia de asumir el bagaje y la ignorancia. No hallo otro modo. Y es que, a veces, creo dar con ciertas palabras que expresan y dan sentido... y otras veces, la mentira y la faramalla literaria, inútil, menosprecia lo que mi ojo imagina, retuerce lo simple, retoca lo obvio.

Pido disculpas si has sentido que traiciono tus razones, que alimentaste mi corazón para que fuese en una dirección diferente a la que voy, que soy un cuervo esperando el momento para dar el zarpazo sobre tus pupilas. En mi egoísmo brilla la convicción que lo habido es propio, único e insobornable. Debo más en lo que aún no soy que en lo que pude ser. Debo a mis
amistades, las pocas que soportan mis tonterías, más vino y luciérnagas que toda América a la banca mundial. Debo a mis familiares más palpitaciones y palabras gentiles que utopías en las bibliotecas. Debo a mis muertos muchas más discusiones, golpes bajos, contradicciones, desvelos, y dolores de cabeza.

Pido disculpas, sinceramente, si en tu estética mis frases marginales no te alcanzan.

Pido disculpas si no llegué herido desde la última protesta. Sé que te esforzaste por hacerme saber que otro mundo es posible, que hago falta para hacer número y convertirme en opinión pública activa, que si mi voz con otras voces... ya sabes... pero en mi burdo pesimismo los relojes estancaron las vertientes. Acompaño tu marcha, como corresponde, pero no grito tu grito, no imploro tu justicia, y defiendo con bastarda locura a los guerreros indolentes que destrozan la pacífica vanidad urbana.

Pido disculpas si te he hecho creer que lucho. No es cierto. Sólo me atrevo a resguardar con celo pequeñas sonrisas, pequeñas miradas, mínimas palabras de ritmos alegres e insolentes. Creer que resisto es todo lo que hago.

Pido disculpas si en mi afán de no morirme de viejo así sin más, rezongo por todo, porque sí, porque no, porque en la lógica de los ancianos las horas son segundos imperdibles, imperdonables... no creas que se trata de otra cosa... no he perdido mi cariño por tus manos creadoras, no he perdido mi capacidad de asombro ante la expresión de tu sonrisa, no he perdido mi tiempo buscando fantasmas donde no los hay. Mis dolores siempre estuvieron contigo aunque a ratos no lo pareciera.

Pido disculpas por haber llagado tarde a la obtención de credenciales que justifiquen en parte mis opiniones. He sido responsable en no dedicarme a estudiar formalmente para así dar títulos a tu orgullo. Ser marginal tiene su sabor a vida, aunque la vida, en verdad, sepa a otra cosa... En este punto, solicito algo de relojes extra.

De este modo, llego a tus pupilas con algo de trasluces, con menos máscaras en lo que tengo por rostro, con menos prejuicios.

Tu palabra es todo lo que espero para mi sanación.

No hay comentarios: